Sandra Suárez

Arquitectura con alma, equilibrio y cercanía

Sandra Suárez es arquitecta y diseñadora con estudio propio en Madrid. Formada en la Universidad Politécnica ETSAM, inició su trayectoria profesional en distintos estudios y constructoras de la capital antes de fundar su propio espacio de trabajo en el año 2000.

Desde los doce años tuvo claro que quería ser arquitecta. Y, con el tiempo, esa intuición se ha convertido en una práctica sólida, sensible y conectada con las personas.

Su trabajo nace de la curiosidad. De observar, escuchar y descubrir oportunidades en cada proyecto. A lo largo de su carrera ha desarrollado viviendas, interiores, rehabilitaciones y espacios comerciales, restaurantes, tiendas, galerías de arte, eventos culturales, escuelas y negocios, donde cada diseño responde a una identidad concreta.

Aunque su base está en Madrid, también ha desarrollado proyectos en otras provincias españolas como Segovia, Almería u Ourense, así como algunas intervenciones fuera de España, en países como Portugal, Francia e Italia.

Le gusta priorizar el bienestar de quienes habitan los espacios, la calidez es la base sobre la que construye. A partir de ahí, sin dejar de lado la sostenibilidad, introduce también el color y un sutil punto de frescura “a veces incluso de humor” que aporta carácter sin estridencias.

La naturaleza ocupa un lugar esencial en su manera de proyectar. La presencia equilibrada de los cinco elementos: agua, madera, metal, fuego y tierra.

Cada proyecto es el resultado de una lógica propia y singular: espacios con identidad, estructura y una atención especial al impacto emocional que generan.

Escuchar, interpretar y acompañar forman parte esencial de su trabajo.

Se considera artesana a la hora de indagar y localizar las necesidades de las personas tratando de desarrollar la tarea diaria con la motivación de hacer un buen trabajo.

Su amor por el detalle, la sensibilidad estética y el rigor en la elección de materiales definen una trayectoria que ha dado lugar a numerosos proyectos residenciales y propuestas contemporáneas adaptadas a las necesidades de su tiempo.

En el fondo, su arquitectura no busca destacar por sí sola, sino mejorar la vida de quienes la habitan. Y hacerlo con naturalidad, equilibrio… y ese pequeño gesto inesperado que hace que un espacio se sienta verdaderamente propio.

Mis deseos de la lámpara

Hay momentos en la vida profesional en los que una ya no busca únicamente hacer proyectos, sino ampliar la manera de vivir la arquitectura. Estoy en ese punto.

Siempre me ha interesado especialmente el espacio donde se encuentran la arquitectura, el interiorismo y el diseño. Me gusta la técnica, la construcción bien pensada y el rigor, pero también creo profundamente en la emoción estética, en los lugares que transmiten algo y en la belleza como parte esencial de la experiencia.

Soy una persona muy vital y bastante curiosa. El cine, la moda, el deporte, los viajes y la cultura son una parte natural de mi forma de mirar y entender el mundo. Todo eso acaba entrando, de una manera u otra, en mi trabajo.

Ahora me gustaría abrir nuevas puertas profesionales. Me atrae la idea de participar en conversaciones y tertulias sobre arquitectura, diseño o cultura contemporánea; compartir opiniones, experiencias y una mirada propia sobre cómo vivimos los espacios hoy. También me interesa mucho el mundo de los medios y la comunicación.

Hay otra escala del diseño que me gustaría explorar más: la de los objetos. Diseñar muebles, piezas de interiorismo o elementos cotidianos con carácter y sensibilidad. Y también me encantaría enseñar, porque pocas cosas me parecen tan estimulantes como transmitir pasión y experiencia, ayudando a las personas a encontrar sus propias fortalezas.

Sigo disfrutando enormemente de los proyectos residenciales, pero cada vez me interesa más trabajar en espacios públicos o experienciales. Probablemente porque me atraen los proyectos capaces de construir atmósferas y recuerdos. Gracias a haber participado en la creación de muchas viviendas, y conozco muy bien las necesidades y la escala humana.

Mi sueño sería diseñar un hotel con encanto, tanto una reforma como una obra nueva: cuidar desde la arquitectura hasta el último detalle interior, creando un lugar con identidad propia, de esos que la gente no olvida.

Hay momentos en la vida profesional en los que una ya no busca únicamente hacer proyectos, sino ampliar la manera de vivir la arquitectura. Estoy en ese punto.

Siempre me ha interesado especialmente el espacio donde se encuentran la arquitectura, el interiorismo y el diseño. Me gusta la técnica, la construcción bien pensada y el rigor, pero también creo profundamente en la emoción estética, en los lugares que transmiten algo y en la belleza como parte esencial de la experiencia.

Soy una persona muy vital y bastante curiosa. El cine, la moda, el deporte, los viajes y la cultura son una parte natural de mi forma de mirar y entender el mundo. Todo eso acaba entrando, de una manera u otra, en mi trabajo.

Ahora me gustaría abrir nuevas puertas profesionales. Me atrae la idea de participar en conversaciones y tertulias sobre arquitectura, diseño o cultura contemporánea; compartir opiniones, experiencias y una mirada propia sobre cómo vivimos los espacios hoy. También me interesa mucho el mundo de los medios y la comunicación.

Hay otra escala del diseño que me gustaría explorar más: la de los objetos. Diseñar muebles, piezas de interiorismo o elementos cotidianos con carácter y sensibilidad. Y también me encantaría enseñar, porque pocas cosas me parecen tan estimulantes como transmitir pasión y experiencia, ayudando a las personas a encontrar sus propias fortalezas.

Sigo disfrutando enormemente de los proyectos residenciales, pero cada vez me interesa más trabajar en espacios públicos o experienciales. Probablemente porque me atraen los proyectos capaces de construir atmósferas y recuerdos. Gracias a haber participado en la creación de muchas viviendas, y conozco muy bien las necesidades y la escala humana.

Mi sueño sería diseñar un hotel con encanto, tanto una reforma como una obra nueva: cuidar desde la arquitectura hasta el último detalle interior, creando un lugar con identidad propia, de esos que la gente no olvida.